miércoles 31 de agosto de 2011

A muerte


Pasar el verano con el brazo escayolado es realmente una tortura. Ir a los conciertos con el brazo en cabestrillo o ver como los demás saltan desde trampolines o simplemente nadan en el mar es de esas cosas que a uno le agrian un poco más el carácter. Por suerte no hay mal que por bien no venga y este semi-retiro me ha proporcionado el tiempo que me faltaba para disfrutar de algunas cosas que tenía pendientes. Una de esas tareas que tenía marcado en rojo en la libreta era sumergirme en el debut de los barceloneses Odio París, Odio París (El Genio Equivocado, 2011).

Reconozco que mi interés por escucharlos surgió cuando leí en algún sitio que su maqueta era puro noise pop planetero. Por suerte para ellos, para ustedes y sobre todo para mí, esa definición de “los nuevos Planetas” está lejos de realidad. Evidentemente tienen alguna canción que bien podrían haber firmado J y los suyos como por ejemplo Uno de Noviembre. Pero es que, seamos realistas, a estas alturas de la película que tire la primera piedra el grupo de aquí que no ha tenido influencias de los primeros discos de los granadinos, y más aún si son de la generación que ronda la trentena como es el caso que hoy nos ocupa. A decir verdad, y seguro que con esto no descubro América ya que muchos de ustedes habrán pensado lo mismo, si hay alguna banda con la que compararía a Odio París esos son The Pains of Being Pure at Heart –en Ahora Sabes creo que sólo los puedo diferenciar por el idioma-. Al igual que los de Brooklyn en este debut encontramos ecos del mejor, y cada vez más y más de moda, shoegazing y twee. Así que con lo nos encontramos ya desde el primer corte –el hitazo Cuando Nadie Pone Un Disco- es con lo mejor del C86, el noise pop que importa, hitazos agridulces que nos calarán hasta la médula. Seguro que disfrutaran como enanos al recordar camisetas a rayas, polaroids, primeros amores y desamores, el cine palomitero y todas esas cosas que nos hacían estremecer cuando pensábamos que nos comeríamos el mundo. Porque eso es lo que a mí me transmiten Odio París, un regreso desde el ahora –lo más importante- a mis 16 años. Y es por todo esto por lo que desde ya soy fan tardío de la banda. Porque es divertido atreverse a sacar el Delorean del garaje y darse una vuelta con Jesus and Mary Chains como copilotos. Así que desde aquí hago un llamamiento a todos los que todavía no se hayan unido al Odio, totalmente justificado, a París. No me sean perezosos y déjense llevar para disfrutar con el que será, sin ningún tipo de duda, uno de los discos nacionales del año.