
¡Los amantes del cine de terror estamos de enhorabuena! Por fin una película de género se cuela en la pugna por el Oscar a la mejor película, hecho que no sucedía desde la ya lejana
El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999). Y aunque, a priori, esta pesadilla sobre una prometedora bailarina -soberbia
Natalie Portman en el papel de su vida-, obsesionada con llegar a la perfección, no sea del agrado de la Academia por su oscuridad y alta carga erótica, la última locura de
Darren Aronofsky se antoja un
must deudor del mejor
Brian De Palma de
Carrie. A la postre, un film que no deja a nadie indiferente y, lo más importante, hace partícipe al espectador de un viaje hacia el horror que no quisiera para él ni el mismísimo Coronel Kurtz. Imprescindible.

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